El color enriquece nuestra vida. Los objetos se diferencian entre sí por su forma, por su tamaño, pero también por su color. Éste está unido a muchos significados y sentimientos y lo utilizamos para mostrar como somos, a través de la ropa que llevamos, del coche o del interior de nuestra casa.

¿Por qué percibimos los colores? Existen diversas teorías acerca del color, entre ellas hay una que habla de los colores primarios, que son los colores básicos a partir de los cuales se forman el resto de colores.
La escala de colores se divide en tres categorías:
Es muy importante saber sacar partido a los colores. Por ejemplo, nos encontramos en ocasiones la necesidad de dar mayor efecto de amplitud a un pasillo, bajar un techo, introducir una nota soleada en una habitación poco iluminada, etc.
El uso acertado del color, te ayudará a conseguir los efectos deseados. Con el color podemos jugar para transformar ópticamente las dimensiones del hogar.
Estas indicaciones son conceptos generales, a partir de aquí hay que dejar volar la imaginación y hallar en cada caso una solución personalizada.
Los colores pueden evocar sentimientos y asociaciones sin que seamos conscientes de ello. Pueden tener un significado positivo y negativo a la vez.
Blanco: es el color de la paz y de la pureza. Es frío, silencioso y crea sensación de infinito.
Rojizos: el rojo es el color de la vitalidad, del fuego, de la sangre y la pasión. Los colores intensos deben dosificarse en cantidades pequeñas.
Azules: Es un color relajante y tranquilo. Las diferentes combinaciones con tonalidades de azul crean ambientes fríos y despejados.
Verdes: es el color más tranquilo y sedante. Recuerda el frescor, la vegetación y el mundo natural.
Amarillos: es el color más luminoso, más cálido y ardiente.
Naranjas: posee la luminosidad del amarillo y la excitación del rojo. Dan a la estancia una sensación de calidez, bienestar y recogimiento.
Negro: este color puede usarse con mucho acierto en decoración. Sólo en casos muy especiales.